
por Primavera Fraijo
03/04/2025 16:40 / Uniradio Informa Sonora / Columnas / Actualizado al 03/04/2025
Por Primavera Fraijo
Crecí escuchando frases que, aunque disfrazadas de consejo, eran jaulas vestidas de ternura: "No te sientes con las piernas abiertas", "No hables tan fuerte", "Agradécele, aunque no te guste", "¡No te rías así!".
Poco a poco, entendí que el lenguaje no era inocente, que las palabras podían ser tanto cadenas como armas. Y que, en un mundo diseñado para limitarnos, aprender a nombrar es aprender a luchar.
Victoria Sau lo sabía. No se limitó a recopilar definiciones; creó un mapa conceptual de la opresión lingüística y, lo más importante, de la resistencia.
Su "Diccionario Ideológico Feminista" es un bisturí afilado, un libro que no se conforma con definir, sino que disecciona. No nos ofrece neutralidad, porque el lenguaje nunca la ha tenido. Nos invita a ver las palabras como lo que son, estructuras de poder.
Recuerdo la primera vez que un jefe me llamó "histérica" por defender mi punto de vista. Yo no estaba gritando, ni estaba fuera de control. Únicamente, estaba hablando con la misma firmeza con la que ellos hablan todos los días sin ser cuestionados. Me lo dijo con suficiencia, como si su palabra tuviera la autoridad de un diagnóstico.
En ese momento no tenía a Sau en mis manos, ni en mi memoria cerebral, pero hoy sé que la palabra "histeria" ha sido utilizada durante siglos para invalidarnos. Porque a las mujeres no se nos permite la ira, la opinión, la rebeldía.
Y así con tantas otras palabras.
"Genio", por ejemplo. Piensen en la cantidad de veces que han escuchado a un hombre ser llamado así. Ahora reflexionen en cuántas veces han escuchado lo mismo de una mujer.
Este libro es una advertencia: ¡cuidado con las palabras! Cuidado con cómo han sido moldeadas, con cómo nos moldean.
Es un llamado a la incomodidad, a la reflexión, a la reprogramación. Porque el lenguaje ha sido diseñado para oprimirnos, pero también podemos usarlo para liberarnos.
Soy una persona disruptiva. He vivido el patriarcado en carne propia, en lo familiar, en lo social y, sobre todo, en lo laboral.
He visto a hombres ganar más por el mismo trabajo. He sido presionada para ser más dulce, para sonreír cuando no quiero. Han intentado forzarme caricias que no pedí. Han cuestionado mi decisión de no ser madre, han usado el "reloj biológico" como amenaza. Me han hecho temer por mi vida cuando camino sola.
Pero no me he bajado ni me bajaré de esta lucha. Porque quiero que mis sobrinitas crezcan en un mundo donde su voz no sea un susurro, donde su opinión no sea tomada como un berrinche. Donde puedan gritar, escribir, SER.
"Diccionario Ideológico Feminista" no es solo un libro. Es una herramienta. Una invitación a la trinchera. Léanlo, compártanlo. Que la palabra sea nuestra.
Porque al final, todo comienza con un nombre. Y nombrarnos, cuestionarnos, resignificarnos, es también una forma de resistencia. Una forma de decir: ¡Aquí estamos, y nadie nos va a volver a callar!
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